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Educación

Inteligencia emocional contra el fracaso escolar

Vivimos en un mundo en el que prima la cantidad de conocimientos adquiridos, en lugar de reflexionar sobre cómo se produce su aprendizaje y la importancia de la carga emocional de dicho proceso cognitivo.

Según diferentes estudios realizados por expertos, los alumnos más empáticos, sensibles y colaborativos obtienen un mayor rendimiento académico, lo que lleva a plantearse si los países con tasas elevada de fracaso y abandono escolar deberían sumar a su currículum educativo la inteligencia emocional.

La comunicación es un rasgo inherente a las personas, el cual adquiere un papel  determinante cuando comenzamos a socializar con nuestros semejantes. La comunicación es la herramienta humana que nos permite reconocer la empatía y relacionarnos con el entorno de forma satisfactoria, siendo este el motor de la inteligencia emocional.

Normalmente, dicha cualidad humana se moldea en el día a día a través de la experiencia, pero ¿por qué no guiar dicho aprendizaje emocional desde la escuela? Muchos profesores y educadores prestan especial dedicación a que los alumnos desarrollen sus habilidades comunicativas a través del trabajo en equipo y la cooperación en el aula, ya que son plenamente conscientes de su importancia para lograr buenos resultados tanto académicos como sociales.

Inteligencia emocional a través de la comunicación

La comunicación es básica en la inteligencia emocional

Sentar las bases para el futuro

Fomentando este valor, el de la inteligencia emocional, se asientan las bases para que un futuro adulto sepa relacionarse con su entorno y dar lo mejor de sí mismo y así sumar elementos positivos de forma global a la sociedad. La habilidad para entender a los demás, para controlar los impulsos, para comunicarnos claramente, resolver problemas y saber interactuar en distintos contextos sociales son elementos fundamentales que hacen que la convivencia sea satisfactoria y nos facilite la cercanía a la felicidad.

Es por ello que expertos y profesionales, tanto del mundo de la educación como de la psicología, defienden la necesidad de incluir en el currículo escolar contenidos educativos específicos con los que trabajar este fundamental factor humano, el cual queda en muchas ocasiones relegado a un segundo plano.

Muchos educadores confían en que enseñar a los estudiantes en entornos agradables de ayuda y motivación convierte las clases en un lugar más estimulante y apropiado para el aprendizaje, dando lugar a un mayor rendimiento y predisposición por parte de estas jóvenes mentes.

Así, sabiendo que la inteligencia emocional es una herramienta para combatir el fracaso escolar, y que la escuela es un pilar clave en nuestra educación y motor del futuro, sería necesario plantearse si pudiera ser esta una de las claves de la mejora de la sociedad en su sentido más amplio.

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Marta Ramón

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