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En el frigorífico, cada alimento tiene su sitio. soyresponsable.es
Alimentación

¿Sabes en qué lugar del frigorífico poner cada alimento?

¿Dónde coloco la leche en la puerta en el frigorífico? Y la harina ¿es mejor traspasarla a un tarro de cristal? ¿guardo la lechuga ya troceada en el frigorífico o espero al momento de servirla?

Con frecuencia nos planteamos al regresar cargados con bolsas de compra y su respuesta tiene más importancia de la que aparenta. Conservar los alimentos en el sitio adecuado una vez rebasado el umbral de la cocina nos ayudará no sólo a saborearlos con todas sus propiedades, sino a evitar problemas de salud, como las intoxicaciones o la contaminación entre alimentos. 

Queso y jamón york en la parte alta

Para una conservación óptima, el queso y jamón york  deben situarse en la parte superior, mientras que en las estanterías centrales del frigorífico es mejor poner el resto de productos lácteos, como los yogures o la leche, con su envase original. No debemos olvidar que una vez abiertos, estos alimentos deben consumirse, como máximo, en una semana, aunque este periodo es inferior en algunos casos, para que conserven todos sus nutrientes.

En la zona más fría del frigorífico, que suele ser la inferior, situaremos la carne y el pescado frescos, que estarán cubiertos para evitar los olores y sobre algún recipiente que recoja los jugos que puedan desprender. Para degustar estas viandas con todo su sabor, es recomendable comérselos, como máximo, a los dos días de haberlos comprado.

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En cuanto a la fruta y la verdura frescas, lo ideal es situarla en los cajones y por separado. En el caso de aquellas de piel más delicada, es mejor envolverla en papel transparente o incluso de periódico para evitar que se deteriore su aspecto. En el caso de las verduras, se pueden guardar en frigorífico limpias, aunque no troceadas ni lavadas, ya que es mejor reservar estas acciones para el momento de comerlas y garantizar así sus máximas propiedades nutritivas.

Deja los huecos de la puerta del frigorífico para alimentos como los huevos, la mantequilla y la mermelada, las salsas o las bebidas, que son comestibles a los que puede afectar menos el cambio de temperatura al abrir la nevera.

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¿Y qué hacer con productos como las anchoas en aceite o el paté, despensa o frigorífico? Se trata de alimentos que siempre deben conservarse en la nevera porque carecen de un tratamiento térmico para evitar los microorganismos, por eso es más saludable situarlos en el frigorífico. Las conservas, por su parte, aunque pueden permanecer en la despensa, hay que guardarlas en la nevera una vez abiertas.

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El café también cabe en el frigorífico

En lo que respecta a los productos del desayuno, es recomendable un envase hermético para conservar el café una vez empezado el paquete, y mantenerlo en un lugar fresco y sin humedad. Si hace mucho calor, es mejor situar este recipiente en la nevera para garantizar que posteriormente la taza de café desprenda no sólo un buen aroma, sino también contenga sus nutrientes. También en el caso de las infusiones, si eres de los que en tu cocina mantienes un amplio surtido, déjalas en espacios donde otros olores no puedan estropear sus aromas.

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