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Que no te la peguen: falsos productos ecológicos

Las empresas saben el gancho que supone, en especial para los consumidores comprometidos con el medio ambiente, dotar a sus productos de adjetivos como “natural” o “ecológico”. El producto ecológico vende más. Pero no siempre la etiqueta refleja el verdadero rastro que deja la producción del artículo. A veces, cuentan una verdad a medias.

¿Cómo puede un consumidor identificar si los rótulos de un producto supuestamente verde mienten? Existen siete aspectos, según una consultora ambiental canadiense, que nos deben hacer levantar sospechas y que se enmarcan en el denominado «lavado verde» (greenwashing en el lenguaje anglosajón).  El primero de ellos es el impacto oculto, es decir, afirmar que un producto es ecológico teniendo en cuenta únicamente una parte del proceso de producción.

Para que una hortaliza, por ejemplo, se considere verde no solamente ha de haberse cultivado con un proceso sostenible, sino que su posterior comercialización y distribución también deben haber resultado respetuosas con el medio ambiente.

¿Demuestra que es ecológico?

Por otro lado, muchas empresas presumen de productos verdes sin aportar al consumidor pruebas comprensibles que lo justifiquen. Puede ocurrir con las lámparas que lleven colgado el cartel de la eficiencia energética, entre otras situaciones.

Así mismo, otra mala práctica para camelar con un aparente compromiso ambiental a los compradores es la inclusión de información banal y poco relevante en la etiqueta para distraer la atención del consumidor. ¿Y cómo lo hacen las empresas? Escribiendo, por ejemplo, que el artículo está libre de CFC, los clorofluorocarbonados que contribuyen al deterioro de la capa de ozono.

Este componente fue prohibido hace varias décadas, pero aún hoy muchos embalajes de insecticidas siguen señalando que carecen de él, resaltándolo como si fuera una opción y no una obligación ser un producto ecológico en este aspecto.

Atención al etiquetado

Etiquetas poco rigurosas o imprecisas, con expresiones como la manida advertencia de “libre de sustancias químicas”, también suponen un engaño para el consumidor, porque cualquier especie vegetal, e incluso los seres humanos, estamos formados por compuestos químicos. Este es otro mensaje que nos debe alertar de un falso producto ecológico.

El etiquetado de un producto ecológico debe ser cien por cien veraz.

Etiqueta que indica que un producto se ha elaborado con un proceso de producción sostenible.

Artículos con un cuestionable beneficio ambiental, como los insecticidas, en ocasiones se venden bajo la propiedad orgánica o respetuosa con el medio ambiente. Sin embargo, se trata de artículos prescindibles o que cuentan con otros alternativos y que, además, resultan en mayor o menor medida agresivos con el entorno natural.

No obstante, el peor de todos estos engaños de supuestos productos ecológicos es la falsedad de la información. Tildar a un artículo de orgánico o vender papel reciclado sin que realmente lo sea, con la única finalidad de atrapar al consumidor con una conciencia ecológica, es el error más grave que puede cometer una empresa y que, incluso en casos extremos, puede menoscabar su reputación. Los clientes deben exigir información veraz y fácil de entender.

Las argucias de las empresas para atraer a clientes comprometidos con el producto ecológico llegan incluso a la falsificación de certificados y a las etiquetas copiadas de otros artículos similares que sí que reúnen propiedades sostenibles.

Ante estas actitudes ilícitas e irresponsables de algunas empresas para dar una falsa apariencia de producto ecológico, los consumidores no sólo deben prestar atención al etiquetado para identificarlas, sino además, denunciarlas. Es la mejor vía para atajar el engaño con que la industria pretende seducir a los consumidores con buenos propósitos.

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