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Alimentación

Los alimentos, ¿mejoran o empeoran?

Hace años decían que el aceite de oliva era nocivo, basto y bárbaro; lo bueno era el aceite de semillas prensadas. También decían que el pescado azul era de poca categoría: el pescado blanco tenía todas las virtudes. En el caso del pan, hemos pasado de lo más alto a lo más profundo. Los antiguos decían que una persona era “más buena que el pan”, tomando, pues, a este último como patrón de la escala de valor.

Este es un debate sin esperanza alguna de solución final. Una discusión interminable, que cada día podríamos enriquecer, a medida que ocurren acontecimientos que pueden hacernos cambiar de idea.
En el caso que nos ocupa, vamos de sorpresa en sorpresa.

Alimentos que pasan de buenos a malos

Como va a ser imposible llegar a acuerdos en esta discusión (porque se trata de algo complejo, con variantes de gustos, épocas y lugares) lo mejor será tomar algunos ejemplos indiscutibles que nos hagan un poco de luz.

Todo el mundo está de acuerdo que el vino ha mejorado. Hoy en día puede beberse un excelente vino por poco dinero.

El vino mejora

El vino ha mejorado con el tiempo. Imagen de Ramón Pérez

En el extremo opuesto al vino podríamos situar el tomate. Tan malo ha llegado a ser el tomate, que incluso un partido político incluyó en su programa electoral la decisión de “recuperar el sabor de los tomates”. Asunto de vida o muerte.

Pero, se preguntará el lector, ¿qué pasa con lo demás? El vino ha mejorado y el tomate ha empeorado; pero, ¿y las demás cosas de comer? A grandes rasgos el paso de la agricultura tradicional a la moderna ha mejorado mucho la relación calidad-precio.

Un cereal moderno, más productivo, sale hoy en día por la décima parte del valor histórico que había tenido, aunque haya perdido algo de su composición original, tan atractiva. La fruta por ejemplo, en general ha empeorado en sabor, perfume y composición, pero ha mejorado en aspecto, color y aptitud al transporte. La verdura de temporada no ha empeorado; pero la “fuera temporada” a veces parece ya otra especie.

La carne ha sufrido un fuerte ataque, al imponerse el consumo de animales confinados (más fáciles de controlar que lo que andan sueltos); al no hacer aquellos casi ningún ejercicio físico, tienden a dar carne flácida, aguada, de poco nivel, muy alejada de la carne tradicional de nuestros animales salvajes o semisalvajes.

Por último tenemos el caso del pescado. En las piscifactorías producen pescado aparentemente igual que el salvaje. Pero el mercado paga el segundo a un precio doble que el primero: Por algo será que el comprador acepte pagar el doble por un pescado que es “casi” lo mismo.

Los científicos pueden aportar en el futuro a través de la biotecnología importantes mejoras en muchos puntos-clave. También hay quien utiliza una supuesta mejora en la composición para vender más caro. A veces son sencillamente cuentos chinos, y a veces no. El tema da para mucho.

Ramón Pérez Lucena
Ramón Pérez Lucena
Abogado y Doctor en Derecho, con despacho en Zaragoza, Granada, Málaga, Madrid y Barcelona.
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