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Alimentación

Desperdicio de alimentos: ¿Fruta menos atractiva a un precio bajo?

El desperdicio de alimentos y fruta es un grave problema. La comida desechada, cerca de 1.300 toneladas de frutas y verduras llena cada año los contenedores de los países desarrollados en lugar de los estómagos de las comunidades más empobrecidas. Su única “culpa” para ser desechadas es un arañazo, el color o un calibre pequeño.

En Portugal, para hacer frente a este irracional desperdicio de productos frescos está surgiendo un movimiento que, en torno a una Cooperativa Fruta Feia que compra a los agricultores estos productos “feos” o, en otras palabras, alimentos cuyo aspecto es menos atractivo, evita que la fruta que mantiene todas sus propiedades bajo su apariencia un tanto deteriorada termine en los contenedores.

Cooperativas de consumidores contra el desperdicio de frutas y hortalizas

Sólo en su primer año de actividad, la cooperativa de consumidores radicada en Lisboa ha salvado 71 toneladas de frutas y hortalizas que han sido rechazadas por el comercio al no estar perfectas, pero que pueden ponerse igualmente a la venta porque están en buenas condiciones de calidad, sabor e incluso de maduración. En definitiva, se trata de frutas que, a pesar de su estética, benefician el bienestar y también el bolsillo, ya que se ponen a la venta a un precio más asequible. La idea ha sido incluso premiada por la Fundación Calouste Gulbenkain.

La Unión Europea se ha propuesto reducir un 30% los alimentos que se desperdician en buen estado en 2025. Para lograrlo, es imprescindible la implicación de los consumidores de los países ricos

[Sugerido: Tiramos a la basura kilos de comida aprovechable]

Pero más allá del compromiso con una alimentación saludable, el movimiento para recuperar estos productos frescos tiene que ver con la responsabilidad social. Los países industrializados desoyen las alarmantes estadísticas de la FAO, la organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, quien alerta que los países industrializados malgastan 1.300 toneladas de comida desechada en buen estado cada año.

Para poner freno a la comida desechada desperdiciada es necesario un cambio de mentalidad de los consumidores. Los supermercados quieren frutas brillantes, gruesas, de colores intensos y piel uniforme porque es lo que terminan comprando los consumidores, que rechazan meter en el carro los productos que tienen algún pequeño “desperfecto”.

Por esta razón, para lograr frenar el desecho de alimentos un 30% en el año 2025, como se ha propuesto la Unión Europea, es necesaria la concienciación de los consumidores. Algo que, a juzgar por la acogida que ha tenido la cooperativa portuguesa, comienza a constatarse. Otros países como Francia también se han puesto ya manos a la obra con este propósito.

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El movimiento para llevar hasta la mesa los productos frescos cultivados en el campo y que rechaza el mercado beneficia, además, a los agricultores locales (que han cuadruplicado su adhesión a la cooperativa desde que comenzó a andar esta entidad), reduciendo así los costes de los intermediarios y evitando alargar el proceso de manipulación de los productos.

Fruta fea a precio bajo para evitar el desperdicio. soyresponsable.es

[Exposición de fruta “fea” Fuente: frutafeia.pt]

Consumir productos “feos” buena solución para minorar desperdicio de alimentos

Por otro lado, los consumidores que apuestan por esta fruta rechazada por los establecimientos tienen a su alcance los productos agrícolas de temporada y más naturales, si cabe, que aquellos que toma de los cajones de las verdulerías de las grandes superficies, porque carece de envoltorio, de ceras o de cualquier otra sustancia química empleada para “embellecer” los productos del campo.

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En definitiva, recuperar los productos del campo que no tienen cabida en las estanterías de los supermercados tiene infinitas ventajas para el organismo, el bolsillo, el medio ambiente, la economía, lo que cuesta es encontrar los inconvenientes.

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