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¿Tarjeta o efectivo? En España arrasa el dinero

Ocho de cada diez compras que hacemos los españoles son con dinero contante y sonante, sólo el 20% de las compras que tienen lugar dentro de nuestras fronteras se abonan con tarjeta, según los datos de las grandes compañías promotoras de los medios de pago electrónico.

Esta relación es inversa en los países del norte de Europa, donde cada vez es más extraño escuchar el tañido de las monedas en las cajas de los supermercados y el pago en efectivo se limita únicamente al 20% de los casos.

Podríamos pensar que la diferencia de los hábitos de pago de los europeos radica en mentalidades distintas, pero ¿y si reparamos en que justo España, uno de los países europeos que más apuesta por el pago en efectivo, basa casi la cuarta parte de sus transacciones en el dinero negro? No sabemos si es casualidad o causa, pero lo que sí está constatado es que en otros países, como Gran Bretaña o Francia, donde abonar las compras con tarjeta está bastante más arraigado, los consumidores también parecen estar mucho más comprometidos con el fisco.

¿Somos transparentes?

Se estima que tan sólo el 9,7% de la economía en el caso británico y el 9,9% en el francés se gesta a espaldas de las administraciones. En España, esta cifra se sitúa entre el 20% y el 25%. Es evidente que la concienciación del consumidor y su compromiso con la transparencia económica y administrativa son fundamentales para acabar con la evasión fiscal, pero la implicación de la ciudadanía pasa también por un compromiso firme de las administraciones, estableciendo los medios para evitar la economía sumergida y, en especial, controlando el pago en efectivo.

Los consumidores españoles con frecuencia esgrimen como razón para no realizar los pagos con tarjeta las comisiones bancarias establecidas por las entidades, así como el factor psicológico. La creencia de que se controla más el dinero si lo sueltas en efectivo o, en otras palabras, que se es más consciente del gasto si las transacciones se abonan con billetes y monedas es otra de las causas para que los españoles no terminen de desprenderse del pago en efectivo.

A los españoles les gusta el dinero

La mayoría de españoles pagan sus compras en efectivo.

Sin embargo, pagar en metálico o con plástico también es una cuestión de sostenibilidad. Producir el dinero, es decir, acuñar los billetes con todas las medidas legales y de seguridad que requieren resulta caro. A cada familia de la Unión Europea, según la consultora McKinsey, en el periodo comprendido entre 2007 y 2012, fabricar los billetes y monedas de euros le costó más de 300 euros, una cantidad que implica el 0,45% del producto interior bruto.

De hecho, existen países como Dinamarca, donde ya se baraja la posibilidad de eximir a los pequeños comercios de cobrar en efectivo, y donde dejarán de acuñarse coronas por el elevado coste que implica.

Así pues, el pago con dinero electrónico es más que una cuestión de practicidad para el consumidor. La transparencia y la sostenibilidad son otros dos aspectos que deberían hacernos reflexionar a los españoles sobre los beneficios que conllevaría para nuestro entorno la reducción de los pagos en metálico.

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