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Cómo empecé a vivir sin plástico

Cuando empezamos con nuestro proyecto de vida libre de plástico, la primera etapa fue evaluar nuestro consumo. Miramos a nuestros cubos de basura a los ojos y allí pudimos identificar que residuos estábamos generando.

La decisión de vivir con menos plástico tuvo un primer efecto en nuestra vida: todo lo que veíamos en casa era plástico. Abríamos la nevera y estaba llena de comida envasada. Entrábamos en el baño y estaba lleno de botes de cosméticos. Abríamos el escobero y nos encontrábamos con una cantidad de botellas de productos de limpieza que me dejaba perpleja.

El plástico nos había invadido

En pocas palabras, el plástico nos había invadido y estábamos dándonos cuenta de ello.

Para no entrar en pánico y no sentirnos culpables por todo este plástico (soy experta en sentirme culpable), decidimos ir paso a paso. Ponernos objetivos y ver de qué manera podíamos cumplirlos, sin agobio, porque ya sabíamos que nuestra desplastificación iba a ser una carrera de fondo.

Encontrábamos dos grupos de plástico en casa: el desechable que llenaba el cubo de la basura y otro utilizable, el de los utensilios, accesorios y aparatos de casa.

Nuestro primer objetivo fue evaluar la cantidad y el tipo de plástico que tirábamos. No se trataba de mirar todo el plástico que usamos sino únicamente el que desechábamos.

Recomendaciones para esta primera etapa:

  • Mirar lo que tiramos durante varios días, incluso semanas, para ver qué plástico consumimos y con qué regularidad.
  • Mirar también el plástico que usamos fuera de casa. No olvidemos que una parte significativa de nuestro consumo plástico se hace fuera de casa. En mi caso, deje de tirar residuos en las papeleras de la calle y empece a acumularlos en una bolsa para poder hacerme una idea de este consumo. Y me lleve sorpresas, por ejemplo, ¡con los chicles!

Clasificar estos residuos en 3 grupos:

1. Los fáciles de sustituir (y son muchos) como las botellas de zumo, los botes de yogures o las bolsas de plástico.

2. Los más difíciles de sustituir pero posibles de reducir: la bolsa del pienso para el perro o del papel higiénico.

3. Los residuos que estábamos dispuestos a dejar de generar: alimentos preparados comprados en el súper, el papel de cocina, ciertos cosméticos y productos de limpieza.

Esta primera etapa fue fundamental por dos razones. Primero porque nos permitió saber qué residuos plásticos generábamos y así poner en marcha acciones para reducirlos eficazmente. Segundo porque es interesante reflexionar sobre qué tipo de consumidor somos, y nuestra basura es un buen reflejo de esto. Mirar mi basura a los ojos fue una manera de mirarme como consumidora y esto me permitió cambiar hacia un consumo más responsable y con mucho menos plástico.

Nos leemos la semana que viene.

1Comentarios
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  • luis mario
    26 febrero, 2016 at 12:21 am

    hola

    he buscado alguna solucion para uno utilizar bolsas para la basura en mi casa y no he encontrado ustedes que me recomiendan para no utilizar bolsas de plastico para tirar basura

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Marion de La Porte
Marion de La Porte
Co-fundadora de Sinplástico, la primera página web para vivir con menos plástico.
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Soy: Intento ser responsable ;-)
Me gusta: La capacidad de cambio (a mejor) de la gente.
No me gusta: El plástico y las mentiras que le rodean.