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La excesiva higiene perjudica a nuestras defensas
Salud

La excesiva higiene occidental borra defensas de nuestro organismo

La excesiva higiene a la que nos arrastra la cultura occidental, la extrema preocupación por limpiar de gérmenes todos los objetos de nuestra vida cotidiana, ¿nos beneficia o nos perjudica?

Aunque inicialmente puede parecer que la lucha contra los hongos y bacterias de nuestro cuerpo resulta beneficiosa para nuestro bienestar, se está constando que su eliminación no hace más que restar a nuestro organismo elementos defensivos, que le permiten hacer frente a agentes externos.

En el embarazo, las defensas son vitales para el bebé

La obsesión por eliminar los miles de microorganismos que conviven en nuestro interior, y que la creencia popular se ha encargado de asociar a infecciones u otros problemas de salud, podría alterar funciones vitales como la regulación de la frecuencia cardíaca o la digestión, entre otras. Por tanto, el beneficio de la higiene en la lucha contra las bacterias no es tal, como defiende Álex Mira, investigador jefe de la Fundación para el fomento de la investigación sanitaria y biomédica de la Comunidad Valenciana (FISABIO).

El microbioma de una persona está formado por el conjunto de microorganismos que residen en el cuerpo y que están presentes en prácticamente todas las partes, desde las fosas nasales hasta el estómago, pasando por el intestino o la piel cuentan con la presencia de estos minúsculos seres que nos ayudan a tener una vida más saludable. Son tantos, que se estima que alrededor de dos kilos de nuestro peso corporal corresponde a todos estos diminutos componentes. Su función es vital en el organismo, ya que evitan que especies malignas nos afecten.

Las bacterias se transmiten de madres a hijos de una manera natural e involuntaria. Nacemos ya provistos de un buen set defensivo gracias a los microorganismos. En la etapa final del embarazo algunas bacterias son absorbidas por el sistema inmunitario de la mujer, quien las traslada hasta las glándulas mamarias para garantizar así un aporte, a través de la lactancia, del microbioma materno al bebé.

Se trata de una función biológica, transmitida de forma imperceptible, que nos hace fuertes desde el momento en que comenzamos a salir del útero materno. Vemos la luz con una potente legión de hongos y bacterias que nos harán más fuertes y nos ayudarán a mantener mejor estado de salud, además de identificarnos porque se trata de un mapa único.

Por lo tanto, mantener el microbioma, favorecer su presencia en nuestro organismo, implica no sólo mayores garantías de protección frente a posibles amenazas externas, sino también un mejor funcionamiento de nuestras funciones vitales.

Nuestro organismo debe mantener sus defensas

No te limpies, es bueno para tu salud

La higiene acaba con la defensa natural

En este sentido, la higiene indiscriminada contra los microorganismos que se esconden bajo nuestra piel no es tan beneficiosa como algunos pueden creer. Si bien es necesario frenar a los agentes infecciosos, la preocupación por eliminar los gérmenes de absolutamente todos nuestros espacios, ya sea de las dependencias del hogar, de los útiles de la mesa o con la ingestión de antibióticos, no hace más que reducir el potente efecto protector de nuestro microbioma.

De hecho, la merma de microorganismos está, según expertos como Álex Mira, tras el aumento de determinados problemas de salud como el asma, las alergias u otras enfermedades autoinmunes, cuyas cifras no paran de aumentar en los países occidentales. Sin un microbioma diverso, con un empobrecimiento de las bacterias del organismo, somos más vulnerables. Así pues, respetando el estado natural de nuestros múltiples microorganismos estaremos sanos no sólo por dentro, sino también por fuera.

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