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Solidaridad

Las mujeres de la tribu Pokot rechazan la ablación

Tras más de 15 años de labores de concienciación, las mujeres comienzan a rechazar la ablación femenina por ellas mismas y sin sentirse excluidas de su comunidad.

Una vez más, en el noroeste de Kenia se ha vuelto a demostrar que la educación es el motor del desarrollo de una sociedad. Es un motor lento, que renquea sobre todo por las tradiciones, pero con paciencia permite a una sociedad llegar a un destino mejor. De hecho, tras más de 15 años de acciones de sensibilización, las mujeres de la tribu nómada de los Pokot comienzan a rechazar la mutilación genital. Convencidas de los riesgos para su salud y sin miedo a sentirse excluidas de su comunidad, madres e hijas participan en una fiesta alternativa a la de la circuncisión femenina.

La prohibición de efectuar la mutilación genital de las mujeres en Kenia no ha sido suficiente para erradicarla. De hecho, se calcula que casi un 40% de las muchachas de este país todavía se someten a esta peligrosa práctica por razones culturales, obviando los gravísimos efectos que puede entrañar para su salud.

Nuevo futuro sin ablación femenina

Esto es lo que les ocurría a muchas de las chicas de entre 12 y 18 años que pertenecen a la tribu nómada de los Pokot hasta que una congregación religiosa comenzó a desarrollar un proyecto para impulsar en la zona de Baringo, en el noroeste de Kenia, la transición de las celebraciones comunitarias tradicionales hasta otras fiestas que no contemplaran la mutilación genital femenina.

Durante más de 15 años, las cooperantes han impulsado acciones de concienciación en cerca de 3.000 kilómetros cuadrados, donde es imposible encontrar un centro sanitario que atienda a los más de 50.000 keniatas que pueblan estas tierras. Se han establecido sesiones formativas para explicar a las menores y a sus familias que la ablación femenina, aparte de un elevado riesgo de infección porque se practica por mujeres respetadas de la tribu con instrumentos sin esterilizar, comporta también serios problemas de infección.

Difundir los riesgos para su salud, implicar a las matronas en la atención de las parturientas y una transición cultural, que respetara la tradición e incluyera un cambio de mentalidad, han ayudado a rechazar la ablación femenina.

La afección a otros órganos, los problemas de orina, la mortalidad en los partos y de los recién nacidos, el mayor riesgo para contraer el sida, los quistes o el dolor en las relaciones sexuales son algunas de las cuestiones que los miembros de la congregación del Verbo Encarnado les precisan a los Pokot en las sesiones formativas.

La formación como mejor herramienta para evitar la ablación en la tribu Pokot Clic para tuitear

Paralelamente, en los casos en los que ya es tarde para evitar la ablación, estas cooperantes también enseñan a las matronas tradicionales a atender a las mujeres ya mutiladas cuando dan a luz.

Pero todas estas acciones de concienciación, con elevadísimas dosis de buena voluntad y de avance hacia el progreso, topaban con el muro de las fiestas comunitarias de la región de Barpello, que celebran la entrada de los menores en la edad adulta y donde la circuncisión, tanto de hombres como de mujeres, cobraba un protagonismo esencial.

Por esta razón, junto a la formación sanitaria, ha sido necesario introducir modificaciones culturales que no pisotearan por completo la tradición de los Pokot. Así que durante más de una década, las cooperantes han trabajado, ayudadas por un cambio de mentalidad en los nativos, por establecer una fiesta comunitaria para celebrar el paso de niña a mujer, pero sin mutilación genital.

Convencimiento en lugar de imposición

La perseverancia de las integrantes de la congregación religiosa que promueve el proyecto, unida a la llegada en 2013 de la primera mujer para liderar la comunidad de Barpello y su compromiso por terminar con esta peligrosa práctica, ya están dando sus primeros frutos: hay familias que comienzan a rechazar la mutilación sexual femenina. Lejos de la imposición, si los resultados de este proyecto siguen por el buen camino emprendido, todo augura a que dentro de unos años serán las propias menores quienes, debido a su concienciación, rechazarán ser mutiladas, sin que ello implique sentirse excluidas de la comunidad de los Pokot.

Para ganar la injusta batalla de la ablación femenina, sería deseable que el gobierno estatal complementara la prohibición de practicarla la mutilación genital a las niñas con el castigo y la persecución a aquellas ancianas circuncidoras que, de manera ilícita, siguen interviniendo a las menores. Cabrá esperar a que la concienciación también agite, cuanto antes, sus conciencias.

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