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Comercio justo: Un ejemplo inspirador en Bombay

Os contamos un inspirador ejemplo de comercio justo: Una red de cooperativas ocupa a centenares de mujeres indias y se ha convertido en un revulsivo de sus entornos. Confeccionan textil justo, no sólo con sus salarios y condiciones, sino también con su sociedad.

Por una prenda de las que solemos llevar, comprada en grandes cadenas y producida en países en vías de desarrollo, las mujeres que las han cosido cobrarán sólo 18 céntimos de los 29 euros que pagaremos en caja, lo que supone un 0,62% del precio final.

Si a esta insignificante cantidad, le añadimos las horas extras sin remunerar, las jornadas laborales superiores a 12 horas, la inhalación de productos tóxicos, la inexistencia del movimiento sindical y la presión para entregar los pedidos a tiempo, el importe que reciben las mujeres es, si cabe, doblemente indigno.

El consumidor de los países desarrollados, sin pretenderlo, está implicado en la injusta situación laboral de miles de mujeres de países como Bangladesh o la India cuando compra prendas de ropa, cuya etiqueta indica el origen de un país empobrecido, pero el precio de una región capitalista. Para hacer frente a esta inmoral desigualdad, que agrava las diferencias del colectivo femenino, se abre paso una red de cooperativas, que se dedica a la creación de ropa en los barrios marginados de Bombay.

Comercio justo que exporta el 70% de sus prendas

Cerca de 300 muchachas indias, y hasta 400 más cuando hay un volumen adicional de producción, se ocupan de crear piezas de ropa en condiciones dignas en estos centros. Sin ningún tipo de discriminación por razones étnicas o religiosas, trabajan para exportar el 70% de su producción, basada en los parámetros del comercio justo, hasta países como España, Japón, Francia, Estados Unidos o Italia, donde emergen algunos colectivos con las consciencias agitadas por las desigualdades. Las prendas llegan hasta estas naciones desarrolladas tras un proceso en que se han garantizado los derechos humanos y el desarrollo personal de las mujeres indias.

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Las empleadas elaboran ropa artesanal por la que cobran unos salarios justos y en unas condiciones de trabajo dignas, pero además las cooperativas trabajan para mejorar el entorno de las féminas más allá de las instalaciones textiles.

La conciliación laboral que brindan estas cooperativas les permite atender a sus familias, lo que implica no romper bruscamente con el clásico modelo familiar de su región. Además, esta red de producción establecida en los barrios marginales de Bombay cuenta con una vertiente social a través de unos grupos de autoayuda, cuyos proyectos, que escogen las propias trabajadoras, revierten sobre la comunidad.

La participación de las empleadas permite revertir las ganancias en proyectos educativos, microcréditos e iniciativas de sus barrios con la intención de redistribuir la riqueza en el propio entorno de las trabajadoras

Además, impulsa un plan de mecenazgo para la educación de menores, así como un sistema de microcréditos, que aporta financiación a proyectos interesantes para combatir las desigualdades de los barrios periféricos de Bombay, sin caer en manos de la atroz gestión de las entidades financieras. Iniciativas todas ellas que persiguen no sólo el bienestar de las propias trabajadoras de la red de cooperativas textiles, sino también el de sus entornos más inmediatos, aportando así un grano de arena al progreso de sus barrios.

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El día a día de estas cooperativas que hacen ropa para el comercio justo también lleva aparejadas unas condiciones socialmente justas de selección y gestión de las empleadas, que son escogidas para trabajar en la cooperativa en función de lo apremiante que sea su necesidad y de la formación o de las habilidades de las que carecen. De este modo, su incorporación al puesto de trabajo supone una verdadera oportunidad de progreso personal.

Tienen voz en el proyecto laboral

Por otro lado, las cooperativas de la red son también un ejemplo a seguir en cuanto a la participación. Una vez se integran en la entidad, las empleadas tienen voz en el seno de la cooperativa. En este sentido, ellas mismas constituyen escogen al órgano rector, que adoptará las decisiones que afectan al sistema laboral y de producción de ropa.

Por tanto, si algo pone de manifiesto esta red es que la producción y la gestión laboral en condiciones de igualdad no es ninguna utopía y puede convertirse en un proyecto viable si el sistema capitalista de los países desarrollados no nos ciega.

No obstante, el progreso de iniciativas como la de las mujeres de la India requiere, una vez más, la implicación de los países desarrollados. Mientras las conciencias del mal llamado primer mundo no estén comprometidas por las condiciones laborales dignas y rechacen las prendas elaboradas a base de explotación laboral y personal, el camino hacia la igualdad de oportunidades seguirá siendo tortuoso en determinadas regiones del mundo.

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