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Economía del bien común: Impulsar una economía sin ricos ni pobres

La economía del bien común: ¿Sería factible un modelo que favoreciera un enriquecimiento más allá del económico? ¿Existe el modelo ideal que reporte beneficios a todos los colectivos de nuestra sociedad?

Impulsar un sistema económico que beneficie al conjunto de la sociedad no es ninguna utopía y es factible. De ahí que esté surgiendo la economía del bien común, un movimiento para concienciar a ciudadanos, gobiernos y empresas de toda Europa de la viabilidad y de las positivas repercusiones sociales de basar las decisiones económicas en valores éticos.

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Economía de valores

Es indiscutible que la economía debe integrarse en el engranaje que hace avanzar una sociedad, pero para que este progreso sea igualitario y no genere diferencias es necesario apostar por una economía basada en los principios éticos, en la transparencia de las instituciones y en el compromiso social de las transacciones financieras y empresariales. Con este propósito se ha iniciado ya una campaña que pretende llegar a las instituciones europeas.

Se trata de una iniciativa para agitar las conciencias de aquellos agentes sociales que, tradicionalmente, impulsan un sistema económico basado en la consecución de beneficios monetarios para unos pocos, pero a costa de restárselos a otros. Para aproximarse a esta economía del bien común es necesaria la participación de todos los agentes sociales y la voluntad de basar las decisiones, por ejemplo empresariales, en los beneficios sociales, donde la prioridad sean los derechos de las personas y no el interés puramente económico.

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Con la implicación de todas las administraciones, un modelo económico que respete los derechos humanos de todos los grupos, sin renunciar al progreso, tiene cabida en los tiempos actuales

De acuerdo con este sistema económico igualitario, se promueven los derechos humanos sin que ello implique renunciar al progreso económico del país. ¿Y cómo conseguirlo? Promoviendo la cooperación en todos los niveles, desde el ámbito más próximo a las personas, como es el local, hasta el regional e incluso internacional.

Así mismo, para lograr una economía beneficiosa para el conjunto de la sociedad se han de crear sistemas de participación ciudadana, es decir, que cada persona tenga voz en aquellos entornos en los que se toman decisiones. De igual modo que un vecino puede decidir las obras de su comunidad de vecinos, ¿por qué no puede opinar en los presupuestos del área de educación de su región?

El movimiento para lograr una economía igualitaria también insiste en la concienciación. Es imposible llevar a cabo estas ideas sin educar a la ciudadanía en valores respetuosos con las personas, el medio ambiente e incluso en la conveniencia de los sistemas democráticos. Gente convencida de los beneficios sociales de estos principios contribuirá a defender, por encima de los intereses puramente económicos, la dignidad humana, la justicia social, la solidaridad o la sostenibilidad ambiental.

Y, a efectos prácticos, ¿cómo pueden materializarse estas ideas? Las administraciones públicas, por su parte, pueden colaborar con aquellas entidades financieras que destinen parte de sus beneficios a proyectos sociales en el ámbito de la institución. De este modo, se beneficiaría doblemente a la ciudadanía.

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Formación de los empleados

Otra iniciativa que permitiría impulsar la economía basada en el bien del conjunto de la sociedad y en relación con el ámbito empresarial, sería promover la reconversión de las compañías abocadas al cierre y fomentar la formación de esos empleados que podrían verse afectados por el cierre. De esta manera, se garantizaría la continuidad de los puestos de trabajo y, al mismo tiempo, se mantendría la utilidad social de las empresas.

Por otro lado, y en lo que atañe a concursos y licitaciones de obras públicas, las administraciones implicadas en este sistema económico que evita las desigualdades, podrían priorizar los proyectos basándose en los criterios éticos, sociales y sostenibles, así garantizarían los beneficios, por ejemplo, ambientales de ejecutar el plan.

Son, en definitiva, propuestas viables de implantar pero para las que se requiere, no sólo concienciación, sino interés por lograr unos beneficios más allá de los meramente monetarios.

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