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Tiramos a la basura kilos de comida aprovechable

En los tiempos que corren se pasa hambre, pero no por falta de comida. Es la deplorable paradoja que permitimos los consumidores de los países desarrollados con el desperdicio de alimentos. ¿Cómo pueden reducirse las toneladas de productos que tiramos a la basura y que aún son aprovechables?

Cerca de 800 millones de personas sufren malnutrición en algunos puntos del planeta, mientras que en las zonas ricas se desperdician diariamente millones de kilos de comestibles aprovechables. ¿Por qué los consumidores de las regiones ricas no ponen freno al desperdicio de alimentos? Reducir las toneladas de comida que llegan a los contenedores es sencillo con pequeños gestos por parte no sólo de los consumidores, sino también de las industrias alimentarias.

Una de las razones por las que se desperdician kilos de comida es por el tipo de envase de los productos. En la mayoría de los casos, están pensados para ser consumidos en familia lo que dificulta que se puedan consumir por partes y el resto pueda conservarse durante unos días más en buenas condiciones. ¿Qué ocurre entonces en el caso de las familias monoparentales o de dos miembros? Que se ven obligados a echar a la basura medio paquete de pan de molde o bricks de leche a medias.

Envases con restos aprovechables

Un caso similar es el de las salsas u otros comestibles líquidos. Por su espesor y el tipo de botella en el que se comercializan, suelen terminar en el contenedor envases que aún contienen cantidades aprovechables de mahonesa, mostaza o gazpacho, por ejemplo. En este sentido, la industria alimentaría debería replantearse su distribución en recipientes de los que se pudiera extraer absolutamente toda la cantidad del producto y que llegaran sin restos alimentarios a la basura.

El marco legal de la distribución alimentaria es otra de las circunstancias que termina derivando kilos y kilos de comestibles en buenas condiciones hasta los cubos de la basura. Esta normativa preserva, ante todo, los derechos de los consumidores y aspira a garantizar que los productos lleguen a la mesa en unas condiciones saludables, lo que implica que, por precaución, se desechen los productos alimentarios que aún podrían servirse en la mesa.

Por lo tanto, se hace necesaria una revisión de la normativa alimentaria con el fin de optimizar el consumo de productos y frenar el desperdicio de alimentos aún aprovechables. Una alternativa para aquellos comestibles, como las frutas y verduras, que se desechan por presentar un aspecto un tanto deteriorado es su donación organizaciones benéficas, en la línea ya emprendida en los supermercados de países como Francia.

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Utilizar el desperdicio de alimentos para el forraje evitaría el desecho de toneladas de alimentos. soyresponsable.es

Destinar los restos de comida de la industria para el forraje evitaría el desperdicio de toneladas de alimentos.

Las trabas administrativas en la gestión de alimentos están, así mismo, tras el desperdicio de alimentos que podrían aprovecharse para el forraje. La legislación europea, a raíz del caso de las vacas locas, impide alimentar a los porcinos con productos que contengan proteína animal.

Por ello, algunas entidades como Feedback Global, dedicadas a concienciar sobre el aprovechamiento de los alimentos, apuestan por The pig idea. Esta idea propone utilizar los restos de la industria alimentaria como sustento para los animales, lo que ahorraría no sólo dinero, sino también gasto energético y evitaría la deforestación de numerosas zonas del planeta explotadas para la obtención de los cereales del forraje.

¿Cómo implicar a los consumidores?

A todos estos condicionantes para la reutilización de los alimentos a lo largo de la cadena de producción cabe añadir otro, el más extendido y, sin embargo, el más sencillo de solucionar: la falta de concienciación de los consumidores finales, que no se percatan del derroche de recursos, sociales, económicos y ambientales que supone el desperdicio de alimentos.

Implicar a los compradores finales en la reutilización y el máximo aprovechamiento de los productos alimentarios, como ya hacen algunos consumidores portugueses con las frutas y hortalizas que descartan los supermercados, es esencial para poner freno al desperdicio de alimentos en buenas condiciones.

Esta solución es rápida, efectiva y, sobre todo, está al alcance de nuestras manos. Sólo requiere voluntad.

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Lo último, es el supermercado danés,  We Food,  que vende comida pasada de fecha caducidad con descuentos entre el 30% y el 50%. A su inaguración acudieron miembros de la familia real danesa y las colas son espectaculares.

No hace nada, las cadenas de supermercados se afanaban en exigir la máxima perfección en sus productos. Actualmente empiezan a surgir modelos que ponen en valor la responsabilidad, mediante la comercialización de productos con defectos externos o pasados de fecha óptima de consumo.

¿Será el inicio de un cambio de tendencia de consumo, hacia un modelo más responsable?

Yo no tiro comida en buen estado. Por un modelo de consumo responsable!! #tirarcomida… Clic para tuitear

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